En esta obra titulada “olive kitteridge“, ubicada en una difusa frontera entre la colección de relatos breves (trece) y la novela, elizabeth strout espiga, con asombrosa naturalidad, los grandes temas de la vida que laten bajo la aparente placidez de lo cotidiano. tal vez sea éste el mensaje nuclear: las experiencias y los afectos que van marcando nuestra existencia no requieren días especiales. es en el día a día —a menudo, bajo el maquillaje de la rutina y de la inercia— donde se van tejiendo los amores y los desafectos, los deseos, los duelos por lo que pudimos ser y no fuimos, la nostalgia por el cuerpo que fuimos y ya no somos, la incomunicación y la infidelidad, la tentación de poner fin a nuestro existir, el impulso de aferrarnos a la supervivencia…de algún modo, podría decirse que es la vida, y no olive kitteridge, la verdadera protagonista de la obra. olive —la profesora de matemáticas jubilada— es, acaso, un personaje pretexto, la excusa para asomarnos a las inquietudes, los anhelos y las miserias de los habitantes de crosby, un pueblo costero de nueva inglaterra. sin embargo, tampoco ella, pese a su carácter aparentemente frío, envarado y poco amable, saldrá intacta del contacto con las vivencias de sus vecinos. su recorrido vital, íntimo, no deja de ser, de este modo, clave de bóveda del libro.premio pulitzer 2009.
